Toledo y el Cine

Hace ya unos cuantos años, antes de Misterios de Toledo, gestionaba otro sitio web llamado “El Toledanista” de contenidos muy parecidos a este actual. Una de las entradas que más visitas recibió fue una llamada “Toledo y el Cine”, en la que hacía un breve recorrido por algunas de las más celebres películas rodadas en la ciudad total o parcialmente. Y aunque hay muchos artículos al respecto en diferentes blogs y portales de temática toledana, quisiera recuperar aquella antigua recopilación pero ilustrada con alguna que otra imagen.

No se trata de un trabajo completo de todo lo rodado en Toledo, sino de algunas películas que me han llamado la atención desde siempre. Ordenadas de manera cronológica, serían las siguientes:

1940 – Sin novedad en el Alcázar. Película italiana de 1940 dirigida por Augusto Genina, y que narra lo acontecido durante el asedio del Alcázar en julio de 1936. El escenario principal es el emblemático Alcázar de Toledo, o más bien sus ruinas y maquetas al encontrarse en aquel año destruido de forma casi total. También podemos ver otros escenarios como el Hospital de Tavera, Zococover, y varias localizaciones más por diferentes calles toledanas.

 

1959 – Los Tramposos. Típica película española de la época en la que Virgilio (Tony Leblanc) y  Paco (Antonio Ozores) dan vida a dos timadores que viven de realizar pequeños timos en Madrid. Virgilio se enamora de Julita (Concha Velasco), la hermana de Paco, que desaprueba su forma de vida… De esta forma, tras varios intentos fallidos de ganarse la vida honradamente, montan una peculiar agencia de viajes.

De esta película llama la atención una nostálgica imagen de los protagonistas, en el Valle, con el típico vendedor con burro incluido.

 

1964 – El fabuloso mundo del circo. Esta superproducción de Hollywood, protagonizada entre otros por John Wayne, Rita Hayworth y Claudia Cardinale nos brinda el gran momento de ver a John Wayne paseando por Safont.

 

1965 – Un americano en Toledo. Un profesor de filología de Toledo (Ohio, Estados Unidos), viaja a Toledo (España) a instalarse en una casa que le ha vendido un judío de Salónica, y de la que sólo tiene la llave. Pero la casa ya está ocupada. Allí conoce a una atractiva pintora y a su peculiar mayordomo, interpretado por el inolvidable Pepe Isbert. Esta casa que aparece en la película sería la que hoy en día se encuentra junto al Hotel Santa Isabel. También aparecen múltiples escenarios fácilmente identificables.

Historia posiblemente inspirada en la tradición popular que afirma que en manos de los descendientes de los sefardíes expulsados de España en 1492 podría haber llaves que hoy en día todavía podrían abrir algunas de las viejas puertas de Toledo

 

1970 – No desearás al vecino del quinto. Landismo en estado puro. Un ginecólogo que vive en una ciudad de provincias no tiene apenas clientela a causa de los celos de los maridos y novios. Por casualidad, en un viaje a Madrid coincide con un vecino suyo (interpretado por Alfredo Landa) que durante su vida cotidiana en la pequeña ciudad se muestra amanerado e indiferente hacia las mujeres, pero en la gran ciudad es completamente diferente. En este caso el escenario reconocible de Toledo es la Plaza de Zocodover.

 

1970 – Tristana. Obra maestra de Luis Buñuel, gran amante de Toledo. Don Lope, (Fernando Rey), se hace cargo de Tristana (Catherine Deneuve), por una promesa hecha a sus padres. Pero pronto sucumbe a la belleza de la joven, y se obsesiona con ella entablando una extraña relación. Con el tiempo ella conoce a un joven pintor (Franco Nero), enamorándose de él, y abandonando a don Lope. Al final, la trama gira inesperadamente.

Fue nominada al Oscar a la mejor película de habla no inglesa.

El comienzo ya promete, con unos títulos de crédito sobre una panorámica de Toledo desde el Valle. Y poco a poco iremos descubriendo diferentes rincones de la ciudad. Destaca la casa en donde residen don Lope y Tristana, frente al pasadizo de Balaguer, y una icónica escena en la iglesia de Tavera, en donde ella se agacha frente al sepulcro del cardenal.

 

1973 – Los Tres Mosqueteros. Richard Lester dirige la película de la conocida historia de los mosqueteros, con un reparto de lujo: Richard Chamberlain, Michael York, Raquel Welch, Oliver Reed, Geraldine Chaplin, Faye Dunaway, Charlton Heston, Frank Finlay, Christopher Lee… Sólo hay un par de localizaciones en Toledo, pero de gran calidad por el reparto y el escenario. Se trata del patio de Tavera (como no), y la Plaza del Ayuntamiento.

 

1999 – La Novena Puerta. Relato de Arturo Pérez Reverte llevado a la gran pantalla de manos de Roman Polanski, y con Johnny Deep en el papel principal. Narra las aventuras de Dean Corso, un “detective de libros” que recibe el encargo de un coleccionista de investigar sobre la autenticidad de la joya de su colección, “Las Nueve Puertas”, un libro escrito en colaboración con el mismísimo Lucifer, y que permitiría a su propietario invocar al príncipe de las tinieblas.

Corso tendrá que venir hasta Toledo para investigar la procedencia del libro, que fue comprado en la librería anticuaria de los hermanos Ceniza, localizada para la ocasión en la actual entrada de la huerta del convento de los Carmelitas Descalzos. Es emblemática también la escena de la calle Buzones, en la que el protagonista está a punto de ser aplastado por un andamiaje que cae a su paso.

 

2001 – Lázaro de Tormes. ¿Qué vamos a decir de esta obra cumbre de la literatura española que todos conocemos?. Fue llevada al cine por Fernando Fernán Gómez, y protagonizada por un elenco de lo más selecto del panorama nacional: Rafael Álvarez “el Brujo”, Karra Elejalde, Beatriz Rico, Manuel Alexandre, Álvaro de Luna, Agustín González, José Lifante, Francisco Rabal, Francisco Algora, Juan Luis Galiardo, Emilio Laguna, Manuel Lozano, Tina Sáinz…

Este tipo de producciones son las que encuentran en Toledo el mejor de los escenarios y casi único, y a lo largo de todo el filme encontramos localizaciones más o menos fáciles de ubicar.

 

2003 – Te doy mis ojos. El drama del maltrato llevado al cine por Icíar Bollain, con actores de la talla de Laia Marull, Luis Tosar, Candela Peña, Rosa María Sardá.

Una noche Pilar ya no soporta más los maltratos de Antonio, su marido, y huye con su hijo a casa de su hermana. Poco después Antonio irá en su busca.

De nuevo Toledo toma protagonismo como escenario principal de la película, ya que la casa de la hermana de la protagonista se encuentra en la bajada del Cristo de la Luz. Además, encuentra trabajo en la tienda del “Entierro del Conde de Orgaz”.

 

2007 – Las Trece Rosas. Narra la historia de un grupo de trece jóvenes, miembros de las Juventudes Socialistas, que fueron fusiladas por el régimen franquista al poco de finalizar la Guerra Civil Española. Todas las escenas de esta película rodadas en Toledo tienen lugar en la Plaza de San Vicente y sus alrededores.

 

2008 – La Conjura del Escorial. Drama histórico ambientado en la época de Felipe II, que utiliza un par de escenarios más que habituales en este tipo de producciones; el patio de Tavera, y la Plaza del Ayuntamiento. También se deja ver brevemente en una de sus escenas el patio de armas de la Puerta de Bisagra.

Visto lo visto, parece que los escenarios favoritos de Toledo para directores y productores son el Hospital de Tavera, y la Plaza del Ayuntamiento. Aunque todos ceden ante los encantos de cualquier rincón de la ciudad.

Existen muchísimas películas más en las que aparecen distintos rincones de Toledo, que intentaré ir añadiendo en un futuro. Para aquel que desee indagar un poco más le invito a ver el siguiente hilo de foro.toletho.com en donde desarrollan un extenso listado de filmaciones.

Necrópolis en el Paseo de los Canónigos

En el Paseo de los Canónigos, junto al cuartel de la Policía Local de Toledo, se han encontrado recientemente al menos una treintena de sepulturas de época islámica. Posiblemente pertenezcan a la ya conocida necrópolis del Circo Romano, datada entre los siglos VIII-XI.
A finales de la década de los 90, tras la última intervención importante realizada en la parte del Circo Romano ocupada actualmente por el Parque Escolar, salieron a la luz numerosos enterramientos de características muy parecidas, sin que apenas quedara constancia de ello. Por eso, la aparición de esta noticia recientemente en algunos medios locales, me ha animado a acercarme a la zona y poder contemplar directamente dicho descubrimiento, e intentar poder captar algunas imágenes con mi cámara.
Intentando no molestar al equipo de arqueólogos que con esmero se afanaban en recuperar los restos encontrados, he podido tomar desde el exterior algunas fotografías de este interesante descubrimiento.

El olvido del recuerdo

En el espacio que hoy ocupan el Museo de Santa Cruz, la antigua Biblioteca Pública del Miradero, y los conventos de Santa Fe y la Concepción Francisca, construyó el rey Al-Mamún en el siglo XI los llamados Palacios de Galiana. Es en estos palacios donde se ubica la famosa leyenda por la cual el rey Alfonso VI conoció la manera de reconquistar Toledo.

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EL REY DE LA MANO HORADADA
(Sobre relato de Rubén Armendariz Castro)

Cuando Sancho II de Castilla arrebató a su hermano Alfonso el reinado de León, éste solicitó residencia en Tolaitola al monarca musulmán Al-Mamún, quien con gran hospitalidad se la dio en su lujoso palacio de Galiana. La amistad entre el árabe y el cristiano se remontaba a años atrás, y a pesar de las diferencias políticas y religiosas, su afecto estaba por encima de todo. Pero como no todos los integrantes del gobierno de Al-Mamún confiaban en la estancia del desterrado en tierras toledanas se hubo de firmar un pacto; el cristiano tendría todo cuanto necesitara durante su estancia en Tolaitola, y a cambio ofrecería su lealtad desestimando reconquistar la ciudad en caso de que recuperara su trono de León.

Alfonso llevaba una vida tranquila y placentera, dedicado a sus aficiones favoritas entre las que se encontraban la caza en los montes de los alrededores y la charla con los personajes más eruditos e importantes de Tolaitola, con los que entabló gran amistad.

Para fraguar esta amistad el exiliado invitó a todos estos personajes a un banquete en el palacio de Galiana, y entre los invitados también se hallaba, naturalmente, el rey Al-Mamún. La comida ofrecida por el anfitrión fue deliciosa, pero el plato fuerte llegó tras el almuerzo, cuando todos los invitados se pusieron a departir sobre la ciudad y su invulnerabilidad. Los árabes estaban convencidos de que Tolaitola no podría ser conquistada jamás por ningún ejército por muy numeroso que fuera, pero el joven monarca exiliado encendía sus ánimos discrepando sobre ello. La discusión poco a poco fue subiendo de tono, y el prudente Al-Mamún instó a los suyos a salir a dar un agradable paseo por los jardines y así enfriar los exaltados ánimos.

-Os noto preocupados. ¿Es que acaso creéis posible lo que dice Alfonso? –preguntó a los suyos Al-Mamún-.

-Es totalmente imposible –contestó uno de ellos-.

-La seguridad de la ciudad está garantizada –dijo otro-.

-Existe una posibilidad –añadió un tercero-, pero es necesario disponer de numerosos hombres, y sobre todo mucha paciencia.

-¿Y cuál es esa posibilidad? –preguntó intrigado el monarca musulmán-.

-Tolaitola es inviolable en el interior de sus murallas, pero su abastecimiento procede de la vega que se encuentra extramuros. Si un ejército lo suficientemente numeroso asedia la ciudad y devasta su vega tiene grandes posibilidades de hacerse con la ciudad.

Todos asintieron al escuchar tal teoría, pero no le dieron mayor importancia considerando la magnitud necesaria de hombres y armas.

Mientras tenía lugar esta conversación, Alfonso, que había quedado solo en el interior del palacio, salió al jardín, y percatándose de la importancia de aquella charla se tumbó tras un pretil desde donde escuchó todo el debate y lo anotó mentalmente para tiempos posteriores. Cuando los musulmanes dieron por concluida su tertulia y se disponían a volver al palacio fue cuando descubrieron a Alfonso tumbado sobre la hierba durmiendo, o al menos aparentándolo. Inquietados por la trascendente conversación que habían mantenido decidieron comprobar si el leonés se hallaba o no realmente dormido. Para ello Al-Mamún ordenó, en voz lo suficientemente alta como para ser escuchado por Alfonso, que le echaran plomo fundido sobre una de sus manos.

Se desconoce si Alfonso oyó o no esta orden, pero lo real es que no movió la mano un solo milímetro. Los sirvientes trajeron el plomo fundido, y sólo cuando la primera gota tocó su piel fue cuando el leonés aparentó despertar entre alaridos de dolor. Este comportamiento del cristiano tranquilizó a los musulmanes, que desde aquel día comenzaron a llamarle “el de la mano horadada”.

Años después, cuando murió Al-Mamún y recuperó su trono Alfonso, consideró éste que su pacto de no agresión quedó nulo, y aquel anecdótico sufrimiento le sirvió para conocer la forma de conquistar la preciada ciudad.

Se da por cierto que en esta ubicación es donde nació uno de los reyes más célebres y destacados de la historia; Alfonso X conocido como “El Sabio”. Personaje muy importante para la historia de la ciudad no solamente por haber sido toledano de nacimiento, sino por ser el creador de la célebre Escuela de Traductores de Toledo, y considerarse su reinado como el cúlmen de la discutida convivencia de las Tres Culturas en la corte toledana.

Para rememorar el nacimiento de tan notable personaje, el 23 de Noviembre de 1921 con motivo del séptimo centenario de su nacimiento, la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias históricas de Toledo colocó una lápida en el Paseo del Miradero en el que podía leerse la siguiente inscripción:  “En estos que fueron Alcázares reales nació en 23 de noviembre de 1221 Don Alfonso el Sabio. En igual día de 1921 le erige esta lápida la Real Academia de Bellas Artes”.

Nos habla el historiador Rafael del Cerro Malagón de los actos celebrados aquel día, que comenzaron con una misa en la Catedral, celebrada por el obispo auxiliar, y en la que participaron representantes de casi todas las instituciones (a excepción de la municipal). Desde allí desfiló una comitiva desde la Puerta del Reloj hasta el Paseo del Miradero, en donde fue descubierta la placa. Por la tarde continuaron los actos literarios y musicales en el Ayuntamiento.

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La placa que se colocó aquel día continúa allí dando testimonio del nacimiento del monarca en aquel lugar, aunque la pátina del tiempo y el paso implacable de los años la han deteriorado de manera que apenas se puede distinguir el texto. No estaría mal que alguien tomara cartas en el asunto y se retocara aquel recuerdo que ha caído en el olvido.

La Huella del Artista

A lo largo de los siglos son muchas las maneras en las que los artesanos han querido dejar su impronta en sus creaciones y construcciones. Sin ir más lejos, todos conocemos las famosas marcas de los canteros en las piedras de diferentes monumentos como puede verse en los exteriores de la Catedral de Toledo.

Sin embargo puede ser que pase más inadvertido una original fórmula que algún artista utilizó en la Iglesia de Santiago el Arrabal. ¿Alguna vez te has fijado en un recuadro que existe sobre el óculo de la fachada norte, tras la Puerta de Bisagra?

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Si miramos más de cerca observaremos que se trata de la huella de una mano, una forma diferente con la que el autor quiso firmar su obra.

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Hay algunos autores como Enrique Lorente Toledo, Pilar Morollón Hernández, Juan Blanco Andray y Alfonso Vázquez González, en su obra Rutas de Toledo, que afirman que se trata de la Mano de Fátima: “(…) en el muro del crucero norte, sendos pequeños recuadros sobre los rosetones contienen la Mano de Fátima, talismán islámico de protección del edificio”. Que dista de la versión anteriormente citada, y facilitada por Ángel Santos Vaquero y Emilio Vaquero Fernández-Prieto en Fantasía y Realidad de Toledo“¿Te has fijado querido visitante, en los pequeños recuadros que hay sobre los óculos de la fachada norte en los que aparece la impronta de una mano?. Es la firma de los constructores o artífices del edificio, que no tuvieron una manera más plástica de hacerlo que esta que aquí contemplas”.

Nada más al respecto citan otros autores de prestigio como Sixto Ramón Parro, Amador de los Ríos o el Vizconde de Palazuelos en sus conocidas obras.

Resultaría un tanto extraño que se tratara de la Mano de Fátima, al ser su representación habitual de forma más simétrica.

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O si se asemejan más a la forma de una mano convencional, como en este caso, las encontramos elaborados de forma más esmerada, incluso en otros edificios del mismo Toledo.

manos-fatimaLa imagen nº 1 corresponde a una Mano de Fátima existente en los sótanos del nº 12 de la Calle Cardenal Cisneros (ver más información en el recomendable Blog Ciudad de las Tres Culturas Toledo).

La imagen nº 2, que podría asemejarse a lo que vemos en la Iglesia de Santiago, está en la Alhambra de Granada, pero como se puede comprobar presenta una mayor elaboración.

Y la imagen nº 3 corresponde a una representación muy habitual también de la Mano de Fátima, que se solía utilizar como aldaba en la puerta de entrada de los edificios.

En este caso, y visto lo rudimentario de la elaboración del recuadro sobre el óculo de la toledana iglesia, parecería más probable y acertada la visión facilitado por Ángel Santos y Emilio Vaquero, tratándose posiblemente de la impronta del autor.

Suceso escrito en piedra

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Siempre me ha llamado la atención una pequeña lápida que hay en la parte exterior del torreón de salida del puente de San Martín, que reza así: “Aquí mataron una muger (sic). Rueguen a Dios por ella. Sucedió a 2 de feb. de el año de 1690”.

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Nada he encontrado al respecto en los escritos de los habituales eruditos toledanos que más datos nos facilitan sobre la ciudad y sus monumentos. Tan sólo el Vizconde de Palazuelos en su “Guía artística de Toledo”, cita esta inscripción sin dar más detalles de los que saltan a la vista: “… junto a la puerta de salida, una pequeña lápida empotrada en la fábrica, en que se indica haber sido muerta en este sitio una mujer en 2 de Febrero de 1690, sin otra noticia del caso“.

Nos quedaremos por tanto sin conocer si aquella mujer fue asesinada, víctima de una ejecución, o cuáles fueron las causas de su muerte. Aún así, aquel suceso hoy desconocido para nosotros, ha quedado grabado en piedra aguantando el paso de los siglos.

Es buena ocasión, sin embargo, para recordar la conocida leyenda sobre la construcción de este bello puente:

EL PUENTE DE SAN MARTIN

(Sobre relato de Eugenio de Olavarría y Huarte)

 

A mediados del siglo XIV comenzó la guerra civil que enfrentó a don Pedro I con su hermanastro don Enrique de Trastámara, hijo bastardo de Alfonso XI. Pese a que todo el territorio peninsular estaba involucrado en la contienda, Toledo jugó un papel muy especial, ya que fue el lugar elegido por el de Trastámara para firmar un pacto de alianza con Francia. Pedro I, que tenía el centro de su gobierno en la ciudad, no veía con buenos ojos que su hermano hiciera uso de ella para pactar con el país vecino, lo que propició duras y sangrientas batallas en Toledo. Don Pedro logró hacerse enseguida con el control de la ciudad, pero no pudo evitar los continuos ataques de su enemigo. Como defensa estratégica decidió minar el arco central del puente de San Martín con una bastida, e impedir de esta manera la entrada del enemigo por el Este de la histórica ciudad.

Fruto negativo de esta contienda civil fue la masiva destrucción de monumentos, entre los que se encontraban el castillo de San Servando, la puerta del Sol y el puente de San Martín.

Tres décadas después, ya con la paz restablecida, el arzobispo don Pedro Tenorio, obsesionado por reparar todos los monumentos deteriorados, se propuso reconstruir el viejo puente. Para ello hizo llamar a un arquitecto de renombre, afamado por su capacidad de reconstruir edificios ruinosos, y le encomendó la misión de volver a dar al puente el uso que reclamaban los vecinos. Acordado el precio y la duración de la obra, el artista se comprometió a construir la obra con esmero y en el plazo más breve establecido.

Pasaron los primeros meses de la obra y el adelanto era palpable, pero el afamado arquitecto, alegre y comunicativo por lo general, había perdido su buen humor y aparecía más huraño de lo que en él era habitual. Cuando por la oscuridad de la noche no podía continuar su trabajo volvía a su casa sin que nadie pudiera arrancarle una palabra, y mucho menos una sonrisa. Sus amigos le preguntaban acerca del cambio de su carácter sin obtener respuesta satisfactoria. No acertaban a explicárselo, ya que la obra avanzaba a pasos agigantados y no era lógico que un hecho tan próspero le produjese tal pesar. Sin embargo su preocupación se acrecentaba día a día.

Posiblemente nunca se hubiera sabido el motivo si el célebre arquitecto no hubiera tenido una mujer que, día tras día y noche tras noche, le preguntara qué era lo que le ocurría. Esta mujer amaba a su marido, y por ello veía con inquietud la tristeza que se había apoderado de éste y la impotencia al tratar de consolarle.

La ingrata historia no nos ha dejado el nombre de esta dama, pero si no hubiera sido por su empeño no conoceríamos el problema de su marido. Encontró muchas negativas, pero sus lágrimas fueron más fuertes que la terquedad del arquitecto, quien al final confesó el motivo de su malestar con la vergüenza en su rostro y lágrimas en sus ojos:

-No sé cómo contártelo –decía sin atreverse a alzar la vista-, pero al trazar el puente he tenido un enorme error en mis cálculos. ¡Yo que nunca me equivoco!. Varias veces e intentado subsanarlo, pero no encuentro la forma de hacerlo. Noches en vela he tratado de encontrar la respuesta, pero es demasiado tarde. Cuando sea retirado el armazón de madera que sostiene el arco central toda la obra vendrá abajo. ¿Sabes que quiere decir eso?. ¡Quedaré deshonrado para siempre!. Y lo que es peor aún, ¡posiblemente me condenen a la cárcel por mi ineptitud!.

La mujer, que escuchó atentamente las explicaciones del artista, trataba de consolarle y prometió ayudarle buscando un medio para evitarle el mal trago que supondría el derrumbamiento del puente. Viendo la desazón de su marido, le dijo:

-No te preocupes, ya verás como encontramos una solución entre los dos.

El hombre, que hasta ahora no había levantado la cabeza, miró fijamente a su esposa, y haciendo un enorme esfuerzo para mantener la mirada dijo:

-¡La muerte, la muerte es mi única esperanza contra el deshonor que me espera!.

Habían pasado algunas noches de esto y los toledanos dormían en plácido sueño. La oscuridad se había hecho dueña de la ciudad, contrastada únicamente por una silueta que portaba una tea encendida. Aquella figura se dirigió al puente en reconstrucción y cruzó por los andamios de madera hasta llegar al arco central. Se trataba de la mujer del arquitecto, que semejante a un fantasma se movía con rapidez aplicando la tea al andamiaje y alejándose después de aquel lugar con paso veloz.

Ardió el maderamen con toda facilidad, se reflejó un resplandor anaranjado en las aguas del río, se oyó un fuerte crujido y se derrumbó el armazón de madera arrastrando consigo el arco que sostenía, quedando el monumento tal y como estaba meses atrás.

Al amanecer toda la población se agolpaba en las dos orillas para contemplar lo que todos achacaban a un accidente fortuito. Entre los observadores se encontraban el arzobispo don Pedro Tenorio, el arquitecto, y su mujer, que sonreía a su esposo con complicidad. Se acercó el arzobispo al arquitecto y le comunicó que las obras deberían comenzar otra vez, con el mismo empeño y en el precio convenido.

Aprendida la lección de su error, el arquitecto reparó todos los defectos que contenían sus primeros cálculos, y abrió el puente al servicio de los vecinos poco tiempo después.

Una vez concluida la obra, la esposa del arquitecto, víctima del remordimiento, pidió una audiencia a don Pedro Tenorio para confesarle la verdad de lo ocurrido. Y el arzobispo al escucharla la perdonó y alabó por el sacrificio realizado para salvar a su esposo.

Y como recompensa, para perpetuar la memoria de tal dama que podía servir de ejemplo a las mujeres de su época, hizo poner sobre la clave del arco central del puente la imagen en piedra de la protagonista de tan fantástica historia.

Si nos fijamos detenidamente en la figura del arco central del puente nos daremos cuenta que corresponde más a la representación de un obispo, posiblemente Pedro Tenorio, que a la de una mujer. Pero la belleza de la leyenda produce que queramos mantener la duda sobre a quién representa, en honor de aquella mujer que tanto arriesgó por proteger la reputación de su marido.