La Venta del Hoyo

Han pasado ya tres décadas desde que llamara mi atención por primera vez este antiguo balneario. Eran otros tiempos, aunque en una época tan calurosa como esta, cuando en mi pre-adolescencia rodaba con mi bicicleta por sus cercanías. No había muchas sitios por donde los aficionados al ciclismo pudiéramos transitar tranquilamente, y uno de los más habituales era la antigua carretera de Ávila. No era de extrañar, por tanto, coincidir con algún que otro aficionado que había elegido la explanada delantera de la Venta del Hoyo para hacer un alto en el camino, y recuperar fuerzas. Y en más de una ocasión estuve tentado de adentrarme en una finca que no parecía del todo abandonada, sobre todo atraído por el cartel que rezaba “Manantial”, con el deseo de poder refrescarme en aquellos días de implacable sol. Pero por miedo a poder allanar una propiedad privada siempre frenó aquellos impulsos, aunque no mi curiosidad por el lugar.

Con este recuerdo, hace un par de años comencé a indagar un poco por Internet, a ver si encontraba algún tipo de información referente a la Venta del Hoyo, ya que me sonaba haber leído algo en prensa sobre la futura construcción, cómo no, de un establecimiento de ocio y hostelería.

El primer sitio de referencia que encontré fue el blog de David Utrilla, que he de reconocer que es mi fotógrafo favorito plasmando monumentos y paisajes toledanos. Escribe una entrada muy interesante de la Venta, acompañada de unas magníficas fotografías que se pueden ver aquí.

A continuación encontré un excelente blog, llamado “Locus Amoenus”, escrito por una bloguera aficionada a plasmar con fotografías y textos el recuerdo de lugares con un pasado esplendoroso, y olvidados en el presente. En este caso recomiendo leer el artículo por la extensa investigación realizada sobre la historia de la Venta del Hoyo. Se puede acceder aquí a dicho artículo.

No existe demasiada información respecto a la historia de la finca y sus avatares, de hecho el mismísimo Julio Porres apenas escribe una docena de líneas en su “Historia de las Calles de Toledo”. En la citada obra escribe:

“Posada modesta, nacida a la vera del camino real a Valladolid, debió de ser una parte del antiguo poblamiento de Darrayel, habiéndose encontrado en sus alrededores diversos restos cerámicos y una tumba hebrea con inscripción epigráfica que cedió su descubridor, señor Vélez, a la Real Academia toledana, quien la depositó en el Museo Arqueológico.

Había pertenecido la finca al hospital del Rey, según recordaba todavía en 1917 un rótulo de cerámica. Poseedora de un abundante manantial, indispensable para la existencia de la venta, adquirió a partir de 1916 (por curarse precisamente su propietario, antes citado, de una afección diabética) excelente fama de tener propiedades medicinales, motivando la construcción de un balneario y la exportación de sus aguas.

Pero la progresiva decadencia de estos métodos hidroterápicos produjo el cierre de tal explotación, quedando reducida a una simple finca de labor, destino que tiene hoy”.

Ninguna noticia encontraremos evidentemente en otros autores de referencia a la hora de buscar información veraz de Toledo y sus monumentos, como Sixto Ramón Parro, el Vizconde de Palazuelos, Amador de los Ríos, o cualquier otro, al tratarse de una edificación relativamente reciente. Por ello nos tendremos que fiar de lo publicado en diferentes medios escritos, y la tradición oral.

Se da por cierto que por el año 1917 era propietario de esta finca don Antonio Vélez Hierro, residente en Madrid pero natural del toledano pueblo de Arcicóllar, quien acudía frecuentemente a su finca para disfrutar de descanso durante los fines de semana. Sufría don Antonio de una diabetes, y en una consulta con su médico le aseguró que notaba notable mejoría cada vez que descansaba en su casa toledana, achacando dicha mejoría al agua de un manantial que brotaba en su propiedad, y que utilizaba para consumo propio, así como para el riego de los jardines de la modesta casa. Ante tal convencimiento decidió construir un balneario en su propiedad para compartir este beneficio con otros enfermos en busca de alivio.

Así, el día 23 de Julio de 1917, se inaugura la producción masiva de agua tanto para llenar directamente allí las botellas, como para su distribución de botellas previo encargo. En un primer momento lo único que se hizo fue proteger la fuente, y ornamentarla con un escudo de Toledo elaborado con azulejos. Escudo que todavía se puede vislumbrar hoy día. Ese mismo día, Vélez anunciaba oficialmente su intención de ampliar el negocio con la construcción de un balneario en aquel lugar.

Comienza la distribución del producto acompañada con una importante campaña publicitaria de la época, en la que se anuncian las bondades de aquellas aguas, y se ofrecen habitaciones de gran “confort”. Como reclamo se utiliza el nombre de Santiago Ramón y Cajal, como avalista que había analizado aquellas beneficiosas aguas.

En este sentido cabe destacar una nota que el mismísimo Ramón y Cajal envió para su publicación en el diario ABC, indignado porque le habían adjudicado el análisis de diferentes aguas, incluidas las de la Venta del Hoyo, “aguas de las que no tengo la menor noticia“, contradiciendo de esta manera todo lo mantenido, incluso hasta la fecha actual.

Menciona el citado Julio Porres una interesante publicación, “Guía Oficial de los Establecimientos Balnearios y Aguas Medicinales de España”, (R.O. de 28 de Agosto de 1926), publicado por S.A. Editorial y de Publicidad Rudolf Mosse, en el que se analizan todos los establecimientos de estas características de España, y entre ellos, por supuesto, la Venta del Hoyo:

En esta reseña, además del análisis pormenorizado de sus aguas, e indicaciones, podemos ver alguna característica más de sus instalaciones: “Dispone Venta del Hoyo de un chalet para hospedaje de los aguistas, al mismo tiempo que de un buen servicio de comedor con cocina a la española donde se puede seguir el régimen alimenticio que debe observar todo diabético”.

Con el paso del tiempo alcanzaron gran fama las aguas de su manantial, y eran numerosos los pacientes que acudían al balneario para aliviar sus males, y disfrutar de una temporada de reposo. Hasta el punto que las instalaciones se vieron incrementadas con la construcción de una pequeña capilla, ampliación de los jardines, veladores, y una amplia marquesina en la parte más alta. Era en el año 1927, y con Antonio Vélez fallecido tres años antes, y recién fallecida su esposa Celedonia Fernández de la Torre.

Desfile militar de los alumnos de la Academia de Infantería ante la Venta del Hoyo en 1922

Pocas noticias ciertas se tienen ya sobre la Venta del Hoyo. Posiblemente en la década de los 30 comenzó un declive del que ya no se recuperó jamás. No se sabe si el manantial del que tantos beneficios obtuvo se secó definitivamente, que disminuyeran los pedidos de sus aguas, o si ocurrió cualquier otra circunstancia que lo propiciara. El caso es que ya no se volvieron a tener noticias del balneario o manantial de la Venta del Hoyo.

Familia Velez en el Manantial Venta del Hoyo – Fotografía del Archivo Rodríguez

La única noticia reseñable desde entonces sucede durante la Guerra Civil, en uno de los episodios del asedio del Alcázar. El capitán Luis Alba, de los sitiados, abandona el edificio con la misión de contactar con las tropas nacionales de Mola para informarles de la situación real de los asediados, ya que las noticias transmitidas por radio informaban de la rendición del Alcázar, y ello supondría que los rescatadores dieran la vuelta al considerar inútiles todos sus esfuerzos. Profesor de gimnasia y natación en la Escuela de Gimnasia de Toledo, y conocedor del terreno, se ofrece voluntario para aquella arriesgada misión.

El día 25 de Julio por la noche, aprovechando la oscuridad, sale de la Academia de Infantería en busca de Mola. Aseguran diferentes fuentes que a 30 kilómetros, en la población de Burujón, fue reconocido por un antiguo asistente suyo, quien inocentemente le saludó al grito de “¡mi capitán!”, lo que supuso su inmediata detención.

Apresado por las tropas republicanas, lo introdujeron en un coche camino a Toledo. Pero un percance de aquel coche que estuvo a punto de chocar con un camión, precisamente en la entrada de la Venta del Hoyo, supuso que sus captores decidieran fusilarle allí mismo, donde permaneció el cadáver hasta el día 28 en el que fue recogido por una camioneta y trasladado a la Fábrica de Armas, donde fue reconocido por su tío el doctor Mariano Alba. Ver Fuente

Y una vez conocida la historia del recinto me acerqué a la Venta del Hoyo, con la intención de poder conocer mejor aquel lugar, ahora en ruinas, del que tenía más noticias y estaba deseoso de conocer. Así que armado de cámara en mano. El acceso es bastante sencillo, pudiendo dejar el coche prácticamente en la misma entrada, pero el día en el que lo visité (el pasado 2016) era un día veraniego en el que el sol pegaba fuerte, la chicharra cantaba con ganas, y la maleza seca llegaba a la altura de las rodillas. Y por eso, aunque el acceso era fácil, no era cómodo en exceso, ya que con poca previsión vestía con un pantalón corto, y todos los pinchos de los hierbajos secos me arañaban las piernas.

Una vez llegado ante el conjunto, compruebo que de la zona del manantial sólo queda en pie la fachada principal con el llamativo rótulo de cerámica. Tras esta fachada a la que, si no lo remedia nadie, le queda poco tiempo en pie, queda visible aquel escudo de Toledo elaborado también en cerámica, que da una idea del lujo que pudo tener aquel sitio en tiempos pasados.

A mano derecha, poco detrás del manantial, una larga y ruinosa escalera da acceso al resto de edificaciones del balneario, sin que su estado invite a subir con tranquilidad. Tras subirlas, nos encontramos con tres edificios completamente en ruinas: el que parece edificio principal donde estaría el hospedaje y restaurante, un edificio auxiliar, y las ruinas de la capilla. En los alrededores poco más, salvo algún resto de cerámica de las fuentes y adornos de los jardines que tuvieron que abundar en tiempos mejores.

Durante el rato que estuve realizando fotos salió un hombre de una finca de al lado (en donde parece haber todavía una pequeña vida, y máquinas de trabajo), que tras mirarme durante unos instantes, y espetar amablemente un “buenos días” al que respondí de la misma manera, volvió a su lugar de trabajo.

Es una visita interesante, aunque no aconsejable por el peligro que puede entrañar. Resulta imprudente penetrar en el interior de cualquiera de los edificios por la amenaza de derrumbe que presentan (a pesar de que soy tan imprudente que yo mismo lo hice, como relataré a continuación), de la misma manera que la plataforma de la parte principal, que muestra bastantes grietas. La proliferación de cartuchos por el suelo, y de los constantes sobresaltos que producen numerosos conejos al salir corriendo cada dos por tres, incrementan el peligro de recibir un disparo perdido de algún cazador despistado. Así que una vez reconocido el lugar, y tomadas las correspondientes fotografías, me dí por satisfecho y abandoné el lugar…

Hasta hace pocos meses.

Teniendo una conversación con varios amigos por las Redes Sociales sobre el estado de la Venta del Hoyo, decidí compartir alguna de las fotos que había hecho durante esta visita. Cuando me quedé mirando una de ellas en la que aparecía algo en lo que yo no había reparado… No llegué a ponerla, ni dije nada a nadie en aquel momento. Pero en los días sucesivos me dediqué a enseñarle dicha foto a personas de mi entorno, y sin comentar nada, preguntarles qué era lo que veían ellos en una zona en concreto. Y la respuesta en todos los casos era la misma. Todos veían lo mismo que yo, la cara en la pared de un hombre con prominente nariz, bigote, y una abultada mata de pelo.

Yo estaba seguro que no tenía importancia, que se trataría de una curiosa pareidolia. Sin embargo estaba deseando de poder volver a la Venta para poder comprobarlo por mis propios ojos, y ver qué era lo que provocaba esa imagen. Así que poco tiempo después, cuando las obligaciones laborales me lo permitieron, me volví a plantar allí cámara en mano, y con más curiosidad que la vez anterior.

He de reconocer que me costó más de lo esperado dar con el lugar que había fotografiado. Y es que después de dar varias vueltas alrededor de los edificios, y mirar por todas las ventanas, no encontraba el escenario de esta foto. Así que tras dudarlo mucho, y pensarlo poco, me adentré a través de la entrada del edificio principal, quedando a mi vista el pasillo de la imagen. Lo curioso es que no recordaba haber hecho aquella misma operación la vez anterior. ¡Dichosa cabeza!

Y enseguida mi curiosidad se disipó. En un primer momento sospechaba que pudiera tratarse de algún cuadro situado en aquella pared, cuyo marco se hubiera desgastado por el paso del tiempo y causara aquel extraño efecto. Pero la respuesta era más sencilla. Un viejo y oxidado tubo de metal, cuyas manchas originarían aquella pareidolia.

Ya envalentonado al haber cruzado el umbral de la puerta, me pudo la curiosidad y me adentré en el resto de habitaciones a las que daba acceso aquel pasillo, encontrándome en cada una de ellas diferentes hallazgos, cada cual más macabro.

En la primera habitación, entre un montón de escombros y excrementos de palomas, yacía un crucifijo de yeso, o al menos lo que quedaba de él.

En la siguiente habitación, el hallazgo fue más desagradable, sobre todo para personas que como yo somos especialmente sensibles con los animales. En medio de la habitación, y en proceso de momificación, un perro de considerable tamaño y aparentemente de raza pitbull. Lo curioso es que este perro ya fue visto ¡tres años antes! por la bloguera “Locus Amoenus”.

Y por fin, en la última habitación, algo típico que aparece en todos los edificios ruinosos para darles un carácter más macabro. La típica muñeca de niña, o al menos los restos de una de ellas.

Insisto en que no es recomendable la visita a la Venta del Hoyo sin tomar todas las precauciones necesarias, sobre todo tratándose de una propiedad privada. Pero sugiero a cualquiera que se decida a hacerlo se conforme a deleitarse con su exterior, ya que en el interior no hay nada que pueda resultar de interés.

Las últimas informaciones respecto a la Venta del Hoyo se fechan en junio del año 2010, mes en el que el Ayuntamiento de Toledo concedió licencia a una empresa para la puesta en funcionamiento en este paraje de una planta de hormigón.

Indudablemente el antiguo balneario no volverá a recuperar el esplendor de sus mejores tiempos. Pero no sería mala idea que sus actuales propietarios, en memoria de aquella época, decidieran restaurar y conservar la parte en donde destaca aquel llamativo rótulo de cerámica tan característico del lugar.

Hoteles con Misterio en Toledo

Hace algunos años que asistí en el Paraninfo de Lorenzana a una interesantísima conferencia de Fernando Ruiz de la Puerta titulada “Las Casas Encantadas de Toledo”¹, en las que el profesor dio una amena charla relatando algunos sucesos acaecidos en diferentes viviendas de la ciudad de Toledo. Recuerdo que finalizada la charla, en el turno de preguntas, uno de los presentes que estaba en las primeras filas, y además era amigo de Ruiz, mostró su decepción por cierto detalle. Y es que el profesor, con buen criterio, no dio datos concretos de las viviendas, sino que se limitaba a relatar sucesos en una casa de tal o cual calle de Toledo. Yo lo comprendí perfectamente. Y es que en una pequeña ciudad es muy fácil reconocer a protagonistas de ciertas historias que tal vez no quieren pasar a un primer plano.

hoteles

Por eso espero que también comprenda el que lea esta nueva entrada que en parecida tesitura me encuentro yo, narrando conocidos casos y en escenarios identificables, pero que prefiero no mencionar directamente al tratarse de negocios particulares que hoy en día están todavía en funcionamiento. Aún así, invito a aquellos curiosos que deseen obtener datos más concretos a escuchar los audios adjuntos o a indagar en cualquier buscador de Internet, en donde podrán encontrar con cierta facilidad más detalles de los hechos en cuestión.

En este caso vamos a hablar del caso de un par de hoteles de Toledo en donde, todavía hoy en día, ocurren ciertos fenómenos que no tienen explicación sencilla.


El primer caso, y posiblemente más conocido en la ciudad desde hace unos años, se trata de un famoso hotel afuera de las murallas, que ocupa lo que hace años fue un orfanato. Algunos empleados de la limpieza han asegurado escuchar en diferentes ocasiones alboroto de niños, que por momentos parecen jugar, y por momentos parecen entrar en inconsolable llanto. Nada de extraño debería tener este hecho, ya que junto al hotel se encuentra uno de los colegios con más alumnado de la zona. Pero todo cambia cuando este alboroto de niños se escucha en periodo de vacaciones o en horario no habitual de un colegio al uso. Incluso algún que otro cliente ha afirmado pasar la noche con intranquilidad al oír ruidos extraños dentro de la habitación y tener sensaciones extrañas.

Javier Mateo Álvarez de Toledo lo cuenta en su intervención en el programa “Milenio 3” (32’20’’)

Como curiosidad agregar que a finales del pasado verano de 2014, junto a la fachada de este antiguo orfanato fue encontrado un hombre de mediana edad inconsciente a altas horas de la madrugada, sin que los sanitarios pudieran hacer nada a su llegada, ya que falleció antes de que pudieran trasladarlo. Parece ser que el motivo del fallecimiento de este hombre de unos 50 años fue un infarto repentino.


Otro caso más reciente, pero también conocido, es el de un hotel más céntrico y con algo menos de antigüedad que el anterior. Ya venía funcionando como hotel desde hace unos años, pero no fue hasta el año 2005, en el que acometieron una reforma para ampliar el hotel con unas casas anexas, hasta cuando se empiezan a notar los primeros fenómenos extraños. En este programa de radio, de Onda Mencia, facilitan el caso detalladamente (1:01’00’’)

Lo primero que empezaron a notar los trabajadores del hotel, cuando no había ningún cliente alojado, es el sonido como de arrastrar de camas en las habitaciones, y abrir y cerrar de las cerraduras de las habitaciones. Además, ciertos objetos ornamentales que se encontraban sobre los cubre-radiadores, aparecían colocados de forma diferente a la que los dejaban los empleados. También otros “síntomas” habituales de este tipo de fenomenología como es el encender y apagar de luces y aparatos eléctricos sin que medie mano humana.

Los clientes también han sido testigos y víctimas de sucesos inexplicables. Un viajante, cliente habitual del hotel, se presentó asustado en plena noche y en ropa interior en la recepción, pidiendo que le cambiaran de habitación, ya que en la que ocupaba estaban pasando cosas extrañas. Afirmaba que los cajones de los muebles se abrían y cerraban solos, y cuando él quería comprobar qué era lo que pasaba no podía mover estos cajones.

Narra también una empleada de la limpieza cómo vio volcarse una papelera sin que hubiera causa para ello.

El recepcionista de noche, al parecer un hombre ya mayor, también tuvo sus momentos de pánico que provocaron que en más de una noche tuviera que salirse a la calle y refugiarse en su coche hasta finalizar su turno. Y es que frecuentemente oía ruido de inexplicables pasos que recorrían las escaleras y pisos superiores. Parece ser que escuchar golpes y sonidos extraños desde la recepción es algo habitual.

Uno de los momentos más llamativos causó que una empleada que estaba haciendo el turno de noche tuviera que llamar a la policía presa del pánico, y es que inexplicablemente le llegaban a recepción llamadas desde una habitación en concreto, cuando el hotel estaba totalmente desocupado. Desde luego, si se oyen ruidos cuyo origen se desconoce, si se reciben llamadas desde habitaciones desocupadas, si se ven objetos moverse o que han sido movidos… es comprensible tener cierto miedo, o al menos preocupación ante lo desconocido.

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Me gustaría aportar algo de mi experiencia, y es que he trabajado varios años como recepcionista nocturno en varios hoteles, y también he tenido experiencias de este tipo, pero en todos los casos fácilmente explicables. La mayoría de experiencias de este tipo fue en un hotel fuera de las murallas situado en un edificio de no demasiada antigüedad, pero sí con algo de historia.

El funcionamiento de los ascensores sin la intervención de ningún usuario era algo que me alertaba frecuentemente durante mis primeras noches en solitario. Pero con el tiempo y aclaración del técnico comprobé que es parte normal de su funcionamiento. Y es que en algunos casos están programados para que pasado cierto tiempo desde su último uso regresen de forma automática a la planta en donde reciben más clientes. En este caso pasados diez minutos después de que algún cliente subiera a su habitación regresaba sólo a la planta de recepción.

Los golpes fuertes, y sensación de escuchar murmullos cuando no había nadie, también era una sensación habitual. Pero enseguida comprobé que era la máquina de hacer hielo de la cafetería. Y es que en el silencio de la noche muchas veces los sentidos engañan.

También sufrí en carnes propias el funcionamiento descontrolado de los teléfonos. Algunas veces recibía en recepción llamadas desde habitaciones que estaban desocupadas, o algunos clientes recibían llamadas desde la recepción sin que yo hubiera llamado a la habitación. En este caso la solución no era demasiado complicada. Las líneas se encontraban “sucias” debido a, por ejemplo, la programación errónea del servicio de despertadores, y bastaba con limpiarlas marcando los códigos que indicaban las instrucciones de la centralita.

Dicho esto supongo que habrá algunas cosas que tendrán su sencilla y lógica explicación, aunque también comprendo que cuando hay aparatos que funcionan incorrectamente y los técnicos no encuentran explicación, o cuando se ven y escuchan cosas cuyo origen no se conocen el miedo se apropie del más valiente.

El caso del viajante que acudió asustado a la recepción del hotel anterior me ha traído a la memoria una conversación que tuve en su día con un viajante que acudía frecuentemente al hotel en el que yo trabajaba. Por acuerdo con su empresa cuando venía a Toledo solía pernoctar en dos hoteles. Uno era en el que yo trabajaba, y el otro el primero del que hemos hablado,  el edificado sobre un antiguo orfanato. Era un cliente que podía venir sin previo aviso a altas horas de la madrugada, y con el que teníamos un trato preferencial al ser un cliente habitual. Pese a que no teníamos servicio de restaurante siempre teníamos la deferencia de prepararle en la cafetería un sándwich o algo de picar, y a esas altas horas, en las que no había nadie más, era inevitable mantener conversación con el único cliente despierto. Recuerdo que me decía que, pese a que el otro hotel estaba más céntrico y disponía de restaurantes y más servicios alrededor, prefería no ir allí. Y es que, según comentaba, no podía dormir bien porque siempre le pasaban cosas raras en la habitación. En aquel momento no le di mayor importancia y no le pregunté, pensando que podría tratarse de cosas triviales como fallos en la calefacción, o ruidos de las tuberías del baño. Hoy me arrepiento y me pica la curiosidad de a qué se referiría.

Si conoces algún caso más, o más información de estos mencionados, no dudes en compartirla aquí.


1. Conferencia celebrada en el Paraninfo de Lorenzana el 23 de Abril de 1998, organizada por la Asociación Popular de Estudiantes Universitarios (A.P.E.U.), con la colaboración del Centro de Estudios de lo Imaginario de Toledo. Actualmente tengo grabada dicha conferencia en VHS y deseo digitalizarla para poderla publicar aquí previo permiso de Fernando Ruiz de la Puerta

El Hospital de Tavera

Hablar del Hospital de Tavera es algo que me emociona especialmente, y es que de pequeño tuve la fortuna de estudiar en el colegio que allí existe. Eran otros tiempos, y aunque hoy la actividad docente está ubicada casi totalmente independiente de las zonas históricas del edificio no lo era así hace unos años. Los que fuimos alumnos en la década de los setenta y los ochenta (y por supuesto los que lo fueron con anterioridad), tuvimos la fortuna de poder disfrutar de los recreos en sus amplios patios de columnas, tener clases de educación física cuando el tiempo era adverso en el zaguán de la parte trasera, celebrar las misas del día de las familias en la imponente iglesia, y tener acceso a prácticamente la totalidad de las dependencias que hoy tienen un acceso más restringido. Por ello comprenderá el lector que al hablar de este monumento me deje llevar por los sentimientos y la nostalgia de aquellos tiempos de infancia.

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Un poco de historia

El Hospital de Tavera, también conocido como Hospital de Afuera por su situación, es posiblemente el edificio renacentista más importante de Toledo. Su fundador, el cardenal Juan Pardo de Tavera (de donde tomó el nombre), con la construcción de este hospital perseguía dos objetivos. El primero solucionar la situación sanitaria de la ciudad creando un centro para acoger enfermos, ya que el resto de construcciones que había por entonces se dedicaban casi en su totalidad a labores de asilo. Y su segundo objetivo era construirse un lugar donde poder ser enterrado a su fallecimiento.

Su ubicación vino motivada por las ordenanzas municipales de la época, que prohibían construir hospitales y conventos dentro del recinto amurallado. A la vez se buscó un emplazamiento llano, en espacio abierto para disfrutar de aires saludables, y lo suficientemente alejado del río para no verse afectado por sus neblinas en las épocas más frías. Así, en el año 1541, comenzó la construcción en la vega alta, siendo Alonso de Covarrubias el primero en conducir la fábrica.

A mediados del siglo XVI Covarrubias cedió el mando al hasta entonces aparejador, Hernán González de Lara, quien guió las obras hasta su fallecimiento en 1577. Le sucedió entonces Nicolás de Vergara el Mozo, dejando impronta de su particular trabajo en la iglesia del hospital. La iglesia del hospital se inauguró en 1624, presidida por el impresionante sepulcro del fundador, esculpido por Alonso de Berruguete entre 1554 y 1561, bajo la cúpula. Representa el cuerpo yacente del cardenal Tavera en su lecho mortuorio y ataviado con sus vestimentas pontificales.

Fotograma de la película "Tristana", de Buñuel. Escena en la que destaca el sepulcro del Cardenal Tavera en la iglesia del Hospital de Tavera.

Fotograma de la película “Tristana”, de Buñuel. Escena en la que destaca el sepulcro del Cardenal Tavera en la iglesia del Hospital de Tavera.

Bajo este sepulcro se encuentra la famosa cripta circular, obra de Hernán González de Lara, con una curiosa reverberación de sonido que produce un extraño efecto para un lugar concebido para el eterno descanso. La perfección acústica de este espacio ha sido recientemente motivo de estudio de un grupo de alumnos de arquitectura.

Cripta del Hospital de Tavera. Fotografía de Zarateman

Cripta del Hospital de Tavera. Fotografía de Zarateman

Al estar el hospital bajo la advocación de “San Juan Bautista”, no es de extrañar que las obras artísticas en torno a la vida del santo sean las que predominen en la iglesia. El retablo fue proyectado por El Greco, aunque fue su hijo Jorge Manuel quien lo realizó. No es aquí el único lugar donde está presente el Greco, ya que en el museo que hoy en día funciona se pueden admirar varias e importantes obras del genial pintor. Especial mención requiere el cuadro del fundador, hecho por el cretense a título póstumo. Para este retrato el Greco utilizó como modelo la máscara mortuoria realizada por Alonso de Berruguete.

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En el interior del hospital destacan dos patios gemelos, con no demasiada ornamentación, pero sí de gran belleza, con dos alturas, y cuya separación genera un espacio que abre camino entre la portada principal y la entrada al templo.

Fue también bastante importante y renombrada la farmacia del hospital, con envases de cerámica de la zona, en la que se guardaban fórmulas magistrales, ungüentos y los más extraños brebajes.

Farmacia del Hospital Tavera. Imagen de http://www.fundacionmedinaceli.org/

Farmacia del Hospital Tavera. Imagen de http://www.fundacionmedinaceli.org/

En la actualidad el inmueble alberga un colegio de educación primaria, así como el Archivo de la Nobleza, siendo el edificio de propiedad particular del ducado de Medinacelli.

En este vídeo de RTCM, del programa “El Cuentakilómetros”, se puede ver una visita general a Tavera bastente interesante.

Misterios que se cuentan

A pesar de que son muchas las dependencias del histórico edificio que podrían ser un marco perfecto para cualquier fenómeno misterioso, es la cripta la que se convierte en el principal escenario de la totalidad de historias y anécdotas extrañas.

Ya hace casi un siglo que está cripta cautivó a un grupo de jóvenes que habían fundado la “Orden de Toledo”, y que tenían por norma acudir a Toledo con la mayor frecuencia posible a “vivir las más inolvidables experiencias”. Solían alojarse en la Posada de la Sangre y comían frecuentemente en La Venta de Aires. Tras la comida era obligada la visita a la tumba de Cardenal Tavera, donde permanecían unos minutos de recogimiento ante la estatua yacente del cardenal… Por cierto, este grupo de jóvenes, esta “Orden de Toledo” estaba formado por Luis Buñuel, García Lorca, Alberti y Dalí entre otros. Recomiento leer la siguiente entrada del blog Toledo Olvidado, donde Eduardo Sánchez Butragueño, como siempre, aporta una interesante información.

Pues en esta cripta tan atrayente para estos ilustres personajes, es donde hoy en día algunos testigos afirman haber vivido experiencias un tanto extrañas. Los propios guardeses del monumento no se atreven a transitar por esos lugares del edificio, al haberse visto en más de una ocasión una misteriosa figura que afirman tratarse de Alonso Berruguete. Esta atribución tiene la única causa en la supuesta forma de vestir de esta “aparición”, y al relacionar la muerte del artista en aquel lugar antes de finalizar del todo el sepulcro del cardenal, encontrándose también allí enterrado.

Estatua de Alonso Berruguete por José Alcoverro. Fotografía de Luis García

Estatua de Alonso Berruguete por José Alcoverro. Fotografía de Luis García

Los empleados del archivo siempre bajan en grupos o parejas al tener cierto temor a permanecer sólos en estos bajos del hospital.

También las empleadas de limpieza ejercen su trabajo siempre acompañadas, por el miedo a bajar solas, y afirman que los útiles que guardan en un pequeño trastero aparecen completamente desordenados sin que nadie haya accedido allí.

Recomiendo este audio del programa Milenio 3, en donde Luis Rodríguez Bausá, y Javier Mateo, nos hablan de este caso entre algunos otros. (Min. 20:00 a 26:35)

La cripta es uno de los lugares que puede verse fácilmente con la visita libre a los patios, iglesia y sacristía por 3,50 €, o si se prefiere por 4,50 € esta visita libre junto a una guiada por el museo, farmacia, y archivo.