La presencia de los frailes franciscanos en la ciudad data de muy antiguo y en varios lugares diferentes. Con seguridad son tres los asentamientos que conocemos: la Bastida, el actual convento de las Concepcionistas y finalmente donde se encuentran hoy en día; el monasterio de San Juan de los Reyes.

Monumento a Santa Beatriz de Silva en la actual Plaza de la Concepción

Su primer asentamiento, en la Bastida, data del año 1230, hasta que en 1233 se trasladaron intramuros por una apuesta un tanto peculiar:

Los frailes venían muy a menudo desde su monasterio extramuros hasta Toledo, con el fin de recoger limosna con la que poder subsistir. Un día, dos de estos frailes se acercaron por el lugar donde entonces se situaba el mercado más importante de la ciudad; la actual plaza de la Concepción. En dicha plaza solían encontrar bastante gente que normalmente mostraba gran generosidad con los franciscanos y les daba un buen puñado de monedas. Pero aquel día observaron que el gentío de la plaza era mayor del acostumbrado y el griterío era ensordecedor. El motivo era que se había soltado un toro que estaba siendo lidiado por varios nobles. Uno de estos, posiblemente influenciado por el vino, quiso burlarse de los religiosos diciendo:

¡Frailes!. ¡Si conseguís haceros con el toro será para vosotros!.

Añadiendo otro de los asistentes:

¡Eso, eso!. Y no sólo el toro. ¡También la plaza donde estamos!.

El gentío comenzó a aplaudir dando su aprobación a la propuesta. Los religiosos, algo incrédulos por lo que les estaba ocurriendo, se miraron entre sí sin saber que hacer. Por fin uno de ellos se arrodilló, y rezando se encomendó a Dios. Después, levantándose con confianza, se dirigió directamente hacia el animal cogiéndole por los cuernos y dejándole manso.

Quedó asombrado el gentío por lo que estaban viendo sus ojos, y considerando aquel suceso como algo milagroso cumplieron su palabra y les dieron a los frailes y la plaza, como les habían prometido. Luego acudieron al rey Fernando narrándole el hecho, a lo que éste respondió construyendo el edificio donde se albergaron los frailes hasta su traslado a San Juan de los Reyes en 1477.

Sobre relato de Ángel Santos y Emilio Vaquero en Fantasía y realidad de Toledo, página 111

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