Siempre se ha especulado sobre la posible existencia en Toledo, durante la Edad Media, de un templo dedicado a la Nigromancia y las Ciencias Ocultas conocido como “Escuela del Diablo”. A él acudían gran número de personajes llegados de todas partes del mundo para después sorprender a los demás con la elaboración de pócimas, brebajes y complicados experimentos que afirmaban poder realizar en virtud de un pacto con el mismísimo Satanás. Ni que decir tiene que lograban su objetivo, pese a que sus fascinantes demostraciones no eran más que simples reacciones químicas propias de cualquier estudiante de nuestra época. Pero por entonces poco se conocía de esta ciencia, por lo que no resulta de extrañar que la ignorancia diera paso al asombro, admiración, e incluso temor.

Un religioso portugués, llamado fray Egidio Gil, llegó a Toledo pretendiendo aprender estas artes y haciendo por ello un pacto con Satanás. Procedente de un convento de Santarém, pasó varios meses en Toledo, con la promesa del diablo de recibir una gran fortuna si después le entregaba su alma a cambio.

Sótanos de la conocida como “Casa del Greco”

Pero cuando el fraile aprendió Nigromancia rompió el pacto con su protector, regresando a su convento donde moriría el día de la Ascensión del Señor del año 1265, después de haber demostrado en su vida todas las virtudes propias de piadoso cristiano y realizando gran número de milagros, antes y después de su muerte, que le sirvieron para ser venerado en los altares como un ejemplar santo.

Como recuerdo de su paso por Toledo quedaron las espeluznantes bóvedas del macabro palacio del marqués de Villena, en los bajos del actual Museo del Greco. Estas bóvedas se hicieron sobre otras de tiempos anteriores, pertenecientes a misteriosos y adinerados israelitas. Allí, afirman los conocedores del tema, fue el lugar donde el religioso portugués se instruyó en el oscuro arte de la Nigromancia.

Sobre relato de Juan Moraleda y Esteban, publicado en la revista “Toledo”

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