Cuenta una antigua leyenda que una noche, cuando en el firmamento reinaba la luna y brillaban las estrellas en el sueño de Tolaitola, navegaba por el entonces cristalino Tajo una pequeña barquichuela. Sobre ella seis hombres, seis vasallos de noble casa, remaban con entereza hacia el palacio de Galiana. Triste era la misión que realizaban y triste era su semblante. En el centro de la embarcación, encima de un catafalco forrado de tela negra, portaban el cadáver de aquel noble a quién quiso el destino que los seis vasallos sirvieran.

Molinos de Daican, aguas abajo del lugar donde se enmarca la leyenda, bajo la Ermita de la Cabeza

Iban los seis hombres bogando pesarosos entre lágrimas y lamentos por la gran pérdida sufrida cuando uno de ellos se levantó, y mirando a la ciudad que dejaban atrás exclamó:

¡Maldita ciudad que has propiciado la muerte de mi señor!. ¡Ojalá seas olvidada y mil maldiciones caigan sobre ti!. ¡Que todos tus zafios y malditos habitantes sean humillados y mueran cruelmente sin el perdón de Dios!. Y si así no sucediera, ¡reto a la tierra y al Cielo si es necesario!.

Y mirando hacia el estrellado firmamento lanzó una horrible blasfemia que atentó fuertemente contra Aquél que todo lo ve y todo lo oye. He aquí, afirma la leyenda, que las antes cristalinas y serenas aguas se volvieron tan bravas que en un breve instante se tragaron la pequeña barquichuela con sus tripulantes para no ser vista nunca más.

Se comenta desde entonces que cuando se cumple fecha del hecho mencionado se ven alzarse en el Tajo extrañas y negras siluetas de seis personajes que entre gritos y amenazas lanzan al Cielo sus blasfemias.

Sobre relato de Leopoldo Aguilar de Mera, publicado en la revista “Toledo”.

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