Afirman muchos historiadores de la ciudad de Toledo que, en época de San Ildefonso, existía un pequeño beaterio muy próximo al oratorio de Santa Leocadia, en el lugar hoy ocupado por el monasterio de Santo Domingo “el Antiguo”. Son escasos los datos que han llegado hasta nuestros días, por lo que todo lo que podamos contar del cenobio se basa en conjeturas. Lo único que parece cierto es que Alfonso VI, tras reconquistar la ciudad, mandó construir el nuevo monasterio, posiblemente sobre las ruinas de uno ya existente.

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Actual convento de Santo Domingo el Antiguo

Una de las leyendas más antiguas de Toledo afirma que, cuando los árabes se hicieron con la ciudad, las monjas tenían el temor de que los nuevos dominadores no respetaran ni al convento ni a sus moradoras. Por ello rogaron piadosamente a Dios que el convento fuera engullido por la tierra con ellas dentro. Y afirma la leyenda que el Altísimo les concedió lo que pedían.

 Según varios testigos, en el preciso momento en el que los musulmanes cruzaban la muralla toledana por primera vez, el modesto convento se derrumbó estrepitosamente, sepultando bajo sus escombros a las infortunadas religiosas. De esta forma el Cielo otorgó a las religiosas el favor que con tanto ahínco habían pedido.

(Sobre relato de Ángel Santos y Emilio Vaquero)

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